Citas Sonoras
Galileo Galilei
Texto tomado de un artículo escrito por Sergio de Régules y publicado en el diario Milenio. Fecha: 07/15/2004.
Galileo Galilei, científico italiano del siglo XVII que vivió en Arcetri, cuenta una historia en El ensayador, uno de los libros más divertidos. A manera de preámbulo escribe: “Me parece haber observado que la condición humana es tal, que cuanto menos se entiende y se sabe de una cosa, tanto más decididamente se habla sobre ella; y al contrario, que la cantidad de cosas entendidas y conocidas hace más lento e indeciso el sentenciar sobre alguna novedad”.
Luego relata que hubo un individuo que cuidaba pájaros por diversión y porque le maravillaba que pudieran formar sonidos tan bonitos con el mismo aire que respiraban. El individuo sale un día a recorrer el mundo y oye un delicado canto. Suponiendo que no puede ser más que el canto de un pájaro (los únicos cantos que conoce), se acerca y se lleva la sorpresa de su vida al descubrir que el sonido que lo atrajo lo produce un pastor con una flauta. “Reflexionando después a solas”, escribe Galileo, “reconoció que si no hubiera acertado a pasar por allí el pastor, nunca hubiera aprendido que existían en la naturaleza dos modos de formar voces y cantos suaves”.
En sus andares va descubriendo mucho más de dos formas de producir sonidos agradables, cada una de las cuales es para él motivo de asombro: el frotar de las cuerdas de un violín, el rechinido de bisagras viejas, el roce de las patas de un grillo…Al final se encuentra con una cigarra y no acierta a descubrir cómo produce su clamoroso zumbido. La examina por todos lados “hasta que presionando con una aguja más adentro, le quitó con la voz la vida”. Luego de esta experiencia, el padre explorador “mostró tal desconfianza en su saber, que al preguntársele cómo se producían los sonidos, modestamente respondía que conocía algunos modos, pero que daba por seguro que podían existir cien otros desconocidos e inopinables”.

Ruesch, Hans
Del libro País de las sombras largas.
El aire estaba fresco e inmóvil. Los rumores de la aldea llegaban muy lejos; pero en el aire frío podía oírse una voz humana a la distancia de una jornada entera de viaje. Oía el ladrildo de un perro, la cantinela de una mujer, el ruido de una sierra y el grito de algunos niños que se deslizaban sobre una piel de foca por la pendiente. Y además, justamente frente a su nariz, percibía el zumbido de millares de minúsculos osquitos que Enenek aspiraba y aplastaba entre la lengua y el paladar, degustando su sabor agridulce.
Imre Kertész
Anotaciones del libro Sin destino
Desde fuera, se oían golpes, puertas que se abrían, ruidos de la gente que bajaba de los vagones; tuve que reconocerlo porque no había la menor duda: habíamos llegado a nuestro destino.
Con excepción del ruido de los pasos y de los objetos y las breves palabras aprobatorias o alentadoras del soldado, todo se desarrolló en el más absoluto silencio.
En medio de aquel silencio oí por primera vez unos leves acordes de música que traía la ligera brisa de aquella tarde de verano: eran sonidos apenas audibles pero allí estaban, sin duda evocándonos la paz y la alegría, sorprendiéndonos a todos, junto con el espectáculo de las mujeres.
De su griterío sólo entendí la palabra Ruhe, es decir, 'silencio', repetida varias veces.
El ruido se oía desde lejos: murmullos, chasquidos, zumbidos y resoplidos; los ruidos secos y cortos de las tuberías de hierro. Así nos saludaba la fábrica, con sus caminos principales y laterales, sus grúas y excavadoras, sus vías y un laberinto de chimeneas, cámaras frigoríficas, sistemas de tuberías y talleres: parecía más bien una ciudad llena de laberintos.
Descubrí una pequeña caja de madera marrón encima de la puerta, una especie de caja de resonancia, y adiviné que por aquel aparato llegaban las órdenes de los soldados.
A continuación se oían ruidos de motocicletas, ladridos de perros, disparos, golpes, ruido de piernas a la carrera y botas que corrían detrás; entonces comprobábamos que hasta los soldados —si lo querían— eran capaces de dirigir las operaciones y que con las protestas no se conseguía nada. Y, de pronto —quién sabe cómo—, volvía otra vez el silencio.
Luego oí disparos, como si fuera se estuviera entablando un combate, se acercaban y se alejaban; a veces los oía tan cerca que parecían proceder de la misma habitación donde me encontraba, y luego se alejaron definitivamente. Se hizo el silencio, demasiado silencio; por más que intentara oír, no logré distinguir los ruidos relacionados con la comida, como las llamadas de los que llevaban la sopa, ni en la hora habitual de la sopa, ni después.
De uno de los pasillos salió una mujer para sacudir la bayeta, por el otro lado se oía una radio y también un niño que chillaba.

Henry Miller
Del libro Trópico de CapricornioLa música es un tónico para la glándula pineal. La música no es Bach ni Beethoven; la música es el abrelatas del alma. Te deja muy tranquilo por dentro, te hace tomar conciencia de que hay un techo para tu ser.
Pero
ser simplemente es aún más maravilloso, porque es infinito y no requiere demostración. Ser es música, que es una profanación del silencio en provecho del silencio y, por tanto, está por encima del bien y del mal. La música es la manifestación de la acción sin actividad. Es el puro acto de creación flotando en su propio seno. La mùsica no incita ni defiende, no busca ni explica. La música es el sonido silencioso que produce el nadador en el océano de la conciencia. Es una recompensa que sólo puede conceder uno mismo. Es la dávida del dios que eres por haber dejado de pensar en Dios. Es un augurio del dios que todo el mundo llegará a ser a su debido tiempo, cuando todo lo que es sea superior a la imaginación.

Friedricht Nietzsche
El Oído, el órgano del miedo, pudo evolucionar en toda la medida que lo ha hecho sólo de noche y en la penumbra de las cuevas y bosques oscuros, de acuerdo con el modo de vida en la edad de la timidez, es decir, la edad más prolongada del ser humano que se ha experimentado hasta ahora: en la luz del día el oído es menos necesario.

Simo Alitalo
Confiar en nuestro oído tan sólo nos pone ansiosos probablemente porque nos recuerda que escuchar es un sentido de supervivencia.
El sentido del oído es un sistema de advertencia anticipada que nunca duerme.
Francis Bacon, 1615
Tenemos (...) cajas acústicas, donde practicamos y demostramos todos los sonidos y su generación. Tenemos armonías que ustedes no, de medios semitonos y apoyaturas menores de sonidos (...). Representamos e imitamos todos los sonidos fluidos y letras y las voces y notas de bestias y aves. Contamos con ciertos medios de apoyo, los cuales, colocados en el oído, favorecen mucho la audición. Tenemos también varios ecos extraños y artificiales, reflejando la voz muchas veces (...). Tenemos también medios para transportar sonidos en cofres y tubos, en líneas y distancias desconocidas.

Mary Rockwood Powers
Nuestras vidas son como una sinfonía, con modulaciones ascendentes y descendentes, notas muy altas y tonos bajos y lastimeros, pero la música sigue. Mi vida se encuentra en modulación ascendente y puedes estar tranquila porque me encuentro a salvo y bajo buen resguardo en mi cálido hogar.

Octavio Paz
Versos tomados del poema Piedra de Sol
...
voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego.

Hans Flesh, 1928
Quizá algún día algo nuevo se creará de la peculiaridad de las vibraciones eléctricas y su transformación en ondas sónicas, las cuales tendrán que ver con los sonidos pero no con la música.

Héctor Perdomo-Velázquez, 2009
De la ponencia Máquinas vs. pájaros: guerra acústica en la Isla de Cozumel y sus implicaciones ecológicas. Foro Mundial de Ecología Acústica. México 2009.
Hoy, la mejor inversión acústica es mantenerse en silencio para conservar los recursos que nos permitan escuchar mañana el canto de nuestra Tierra llena de hermosas notas de sonidos naturales.
Juan Arturo Brennan
Tomado de entrevista con La Jornada. Fecha: 22/01/2010
Creo que el silencio es uno de los grandes privilegios al que el ser humano puede acceder. Con lo melómano que soy le doy un valor absolutamente supremo al silencio, creo que como sociedad nos hemos vuelto un colectivo aterrado del silencio y tenemos que llenarnos de ruido, porque estamos huecos y el silencio nos enfrenta o enfrenta a muchos de nosotros a ese hueco existencial interno.

Steve Reich
Trabajar con la voz de hablantes específicos es muy diferente a trabajar con un texto: es trabajar con un ser humano. Un ser humano es personificado por su voz. Si tú me grabas, mis cadencias, la manera en que hablo, me representa tanto como una fotografía. Cuando otra gente lo escucha siente que allí hay una persona presente.

Thomas Edison
En una presentación al New York PostTus palabras se conservarán en el papel estaño y volverán a la aplicación del instrumento años después de que tú hayas muerto en exactamente el mismo tono de voz en que las pronunciaste entonces... Este instrumento que no cuenta con lengua, sin dientes, sin laringe o faringe, mudo, materia sin voz, no obstante repite sus tonos, habla con tu voz, pronuncia tus palabras y siglos después de que te has vuelto polvo se repetirá una y otra vez, a una generación que bien nunca te conoció, cada pensamiento vívelo, cada capricho vano, cada palabra vanidosa que hayas elegido susurrar contra ese diafragma de hierro delgado.

Masanobu Fukuoka
Texto tomado del libro La revolución una brizna de paja, 1978La enseñanza de la música a los niños es tan innecesaria como podar árboles frutales. El oído de un niño percibe la música. El murmullo de un arroyo, el sonido del croar de las ranas a la orilla del río, el susurro de las hojas en el bosque todos estos sonidos naturales son música.
Pero cuando una variedad de sonidos molestos penetra y confunde el oído, la apreciación pura y directa del niño degenera. Si se le deja que continúe este camino, el niño será incapaz de sentir la llamada de un pájaro o el sonido del viento como canciones. Esto es por lo que se cree en la instrucción musical es beneficiosa para el desarrollo del niño.
El niño que es criado con un oído puro puede no ser capaz de tocar las baladas populares con el violín o el piano, pero no creo que esto tenga nada que ver con la habilidad de oír la verdadera música o cantar. Es cuando el niño tiene el corazón lleno de música que puede decirse que está dotado musicalmente. Casi todo el mundo cree que lo "natural" es algo bueno: pero pocos pueden comprender la diferencia entre lo natural y no natural.